Casi no sé llorar con agua, sólo aprendo a veces,
pero con palabras he llorado como nadie.
Y hoy te lloro a tí, Ramón, que has hecho
que entienda un poco menos esta vida,
aunque tan sencilla parece a veces.
Te ví el otro día y hoy te he vuelto a ver,
tan quieto, tan sencillo y tan inerte...
Un día no hablé contigo lo suficiente,
y hoy no puedo hacerlo aunque quiera.
Y mis lágrimas hablan de dos mujeres
con el corazón roto de amor, ¡te querían tanto!,
con el alma vagando por la linde de la amargura,
entendiendo que no entienden nada.
Las palabras sobran en estos momentos,
pero no cuando son llanto, cuando la boca llora,
y se hace un homenaje a alguien, como a éste,
a quien desde hoy echamos de menos.
lunes, 16 de febrero de 2009
miércoles, 11 de febrero de 2009
A ver si nos entendemos...
Que el dinero nunca podrá toserle a la miseria. Que las finanzas son un pasatiempo demasiado dañino para demasiadas personas, y demasiado "marciano" para cientos de millones de ellas. Que los bienes materiales, y hasta los servicios, nunca estarán en el mismo nivel que la necesidad. Porque el corazón se me hace más blando cuando veo pobreza, hambre o injusticia, no cuando os veo ganar dinero, hombres ricos de este mundo. Porque mi vida la componen cientos de corazones y de almas, no los euros que aderezan mi cuenta corriente.
Que los ojos de un rico no tienen por qué ser más sabios que los del pobre; si acaso, más ricos, pero sólo eso. Que la sabiduría no entiende de billetes, e incluso a veces nos rehúye. Que el amor va por una ruta distinta al dinero. Que no se conocen, no quieren conocerse. Lo más cerca que el dinero ha estado del amor ha sido cuando conoció a su primo segundo: el sexo. Pero nada más.
Que las manos de quien no tiene son igual de grandes que las del rico, aunque un poco menos llenas.
Que el dinero no puede trascender, que no tiene vida.
A ver si nos entendemos...
Que los ojos de un rico no tienen por qué ser más sabios que los del pobre; si acaso, más ricos, pero sólo eso. Que la sabiduría no entiende de billetes, e incluso a veces nos rehúye. Que el amor va por una ruta distinta al dinero. Que no se conocen, no quieren conocerse. Lo más cerca que el dinero ha estado del amor ha sido cuando conoció a su primo segundo: el sexo. Pero nada más.
Que las manos de quien no tiene son igual de grandes que las del rico, aunque un poco menos llenas.
Que el dinero no puede trascender, que no tiene vida.
A ver si nos entendemos...
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