Hoy he hablado del peso de las responsabilidades. De usar la mastercard para demasiadas cosas. Esa mastercard en la que confiamos demasiado, ya que es tan material como nosotros mismos. Hoy he sentido que tengo razón. Que el peso que a veces llevamos sobre nuestros hombros merece ser llevado por Dios, que a él no le cuesta nada. Que nos hizo para disfritar de sus bendiciones, no para vivir con los ojos mirando las tierras aradas como hacen las mulas, sino para fijar la vista en el horizonte como hacen los halcones. Y eso que de aves no sé mucho. Y menos de halcones.
Sea como fuere, el caso es que, a la vez que liberaba mi garganta de tantas palabras que querían tomar el aire, me he liberado de algunas cargas que estaban luxando mis vértebras. Me he dado una palmadita en el hombro (también semi luxado) y he pensado: a tirar pa´lante, Dani, pero ahora más ligerito. Y dicho y hecho. He cogido mi Ford Orion y me he plantado en la Alameda otra vez. Con dos pies, dos manos, dos ojos y medio cerebro. Como siempre. Pero sin la mochililla esa que me colgaba de la chepa, y que a veces arrastraba por el suelo sonando a miseria, a verbena decaída y a impotencia. Tampoco es que mi vida ha cambiado. Pero sí mi día. Y algo es algo. Tal y como estamos, reflexionar hasta tal punto de que un día de una vida cambie, es mucho reflexionar...
domingo, 17 de agosto de 2008
lunes, 4 de agosto de 2008
Disparo 2
Hoy he ido de compras por Fuencarral. Se me caía el alma a los pies. ¿Es a esto a lo que llaman progreso? Prostitutas, borrachos, gentuza de todo tipo, etc. No puedo creer que hayamos rebajado el significado de algunas palabras. Antes progreso era otra cosa. Igual que la palabra tolerancia. Antes la tolerancia era respetar a una persona que tuviera una opinión distinta. Ahora nos piden respetar todas las opiniones. ¿Sabéis que digo? Que no me da la gana. Que creo que las personas merecen todo el respeto del mundo, pero cada día hay más opiniones y modos de vivir que merecen todas mis arcadas y mi "intolerancia". Que no, señores, que la vida se ideó de otra forma. Que el plan maestro era tal sólo porque no tenía intervención de humano alguno. Que lo hemos corrompido al intentar doblar el acero, o al pretender bebernos a sorbos cubitos de hielo. Nada ni nadie va a hacer que me parezcan respetables todas las opiniones. A todos los lectores (de haberlos) de este blog, os conmino a que si alguna vez respeto una opinión que no merece el tal, forjéis una espada en las montañas más altas del país de los enanos de las cavernas, grabéis a fuego la palabra "tolerancia" y me cortéis la cabeza con ella. O eso o que me digáis: Dani, te has confundido. Casi mejor lo segundo, ahora que lo pienso.
Pues eso, que si alguna vez no me véis agachar la cabeza cuando digo que creo que la homosexualidad es un pecado, o que hay que llegar vírgenes al matrimonio, o que la mentira nunca tiene justificación, será porque no me avergüenzo de mis principios, como tampoco me temblará para expresarlos si alguien me lo pide. Y que no me llamen intolerante. Que me llamen sincero. Y luego valiente.
Pues eso, que si alguna vez no me véis agachar la cabeza cuando digo que creo que la homosexualidad es un pecado, o que hay que llegar vírgenes al matrimonio, o que la mentira nunca tiene justificación, será porque no me avergüenzo de mis principios, como tampoco me temblará para expresarlos si alguien me lo pide. Y que no me llamen intolerante. Que me llamen sincero. Y luego valiente.
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